Desde hace un largo e inaceptable periodo de tiempo, el seguidor del fútbol venezolano ha sido forzado a asumir y a convivir con la certeza de que, cuando se trata de la selección nacional, la palabra clave que define el accionar directivo rara vez es "proyecto" y con una frustrante frecuencia es "improvisación". Nos hemos acostumbrado a presenciar ciclos efímeros, a las soluciones temporales de última hora que se presentan ante la prensa como la panacea administrativa del momento, y a la constante y errática búsqueda de figuras de relleno que sirvan, simplemente, de puente mientras se define, con una exasperante lentitud burocrática, el futuro definitivo del banquillo. Esta dinámica de parches, de inestabilidad crónica y de decisiones reactivas ha generado un clima de provisionalidad perpetua que, inevitablemente, mina y sabotea cualquier intento legítimo de construir una base metodológica sólida, desarrollar una identidad futbolística clara o alcanzar una madurez competitiva. El camino hacia el crecimiento deportivo requiere, imperiosamente, estabilidad, una visión estratégica a larguísimo plazo y, por encima de todo, respeto por los procesos internos; virtudes que, lamentablemente, continúan brillando por su ausencia en la alta gerencia de nuestro fútbol.

Inicialmente, y tras la salida precipitada del cuerpo técnico anterior, parecía que la Federación Venezolana de Fútbol (FVF) había recurrido a una solución de emergencia que, aunque imperfecta y altamente debatible en términos conceptuales, poseía una cierta lógica interna al menos reconocible: la designación de un técnico con roles ya establecidos en las categorías menores, Oswaldo Vizcarrondo, para tomar las riendas de la absoluta de forma interina. Una jugada que, si bien levantó cejas por la mezcla de responsabilidades (y ya lo debatimos con profundidad en nuestra crítica al interinato anterior), al menos intentaba mantener un hilo conductor que conectara la absoluta con el trabajo de formación.

Sin embargo, la realidad, o mejor dicho, la notoria e inaceptable falta de previsión estratégica a nivel directivo en el manejo de calendarios y compromisos, vuelve a obligar un cambio de timón de manera abrupta e inmediata, confirmando, una vez más, que la improvisación sigue siendo el único plan que opera con absoluta consistencia en el fútbol venezolano, sin importar las consecuencias colaterales.


🚨 Un Mundial en el Camino y un Nuevo 'Plan B' de Emergencia: La Prioridad Olvidada

Como es ampliamente conocido y debe ser motivo de orgullo nacional y de una atención gerencial minuciosa, la inminente participación de la Vinotinto Sub-17 en el Mundial de la categoría es un compromiso de máxima e ineludible envergadura. Este torneo juvenil funge como la vitrina definitiva y la confirmación tangible para la futura élite de nuestro fútbol, por lo que su preparación es sagrada. Este evento requiere, sin discusión alguna, la dedicación total, la concentración absoluta y el liderazgo inquebrantable de su estratega, el ya mencionado Oswaldo Vizcarrondo.

La lógica más elemental, la sensatez en la gestión de recursos humanos y el respeto por el desarrollo del talento joven dictaron que la ‘Vizca’ debía ser liberado de cualquier otra carga para enfocarse por completo en esa misión. Esto, consecuentemente, obligó a la dirigencia a buscar un nuevo responsable con carácter de urgencia para cubrir la doble fecha FIFA que nos enfrentará a las selecciones de Canadá y Australia. Y aquí, precisamente en este punto de la necesidad de parchear un calendario, es donde la FVF, en una muestra alarmante de desprecio por la estabilidad interna de los clubes, cae en un error que resulta ser un golpe directo al corazón de la competición nacional.



📉 La FVF Ignora la Liga FUTVE: Un Divorcio que Duele y Debilita



El elegido para tomar las riendas del banquillo de la selección mayor, al menos por este brevísimo ciclo de partidos, es Fernando "El Colorado" Aristeguieta, el actual Director Técnico del Caracas FC. en el que fue también asistente técnico de Oswaldo Vizcarrondo en el amistoso vs Argentina en Miami

La cuestión central, sin embargo, es que esta designación parece un despropósito administrativo y deportivo insostenible, una decisión que expone una ceguera gerencial profunda. La FVF demuestra una desconexión abismal y crónica con el ecosistema nacional al forzar esta designación. "El Colorado" está inmerso, en este momento preciso, en la fase de Cuadrangulares o play-offs del torneo local con el Caracas FC, donde el liderazgo constante del Director Técnico, su planificación diaria y su ascendencia sobre el grupo son factores absolutamente determinantes en la lucha por el título. Sacar a un técnico de su responsabilidad primordial y diaria en el momento más crucial y definitorio de la Liga FUTVE, para que simplemente cumpla con dirigir dos compromisos que, francamente, no tienen ninguna trascendencia deportiva real ni valor clasificatorio, es un acto de soberbia y mala planificación. La FVF actúa como si el campeonato local fuera un simple torneo recreativo, despreciando y socavando su papel como columna vertebral y base fundamental del fútbol nacional. Al sacrificar la estabilidad de un club líder en instancias decisivas, se demuestra que la dirigencia ve por encima del hombro a la Liga FUTVE, y que esta designación solo busca tapar un hueco en el calendario sin el mínimo respeto por los procesos internos de los clubes.



🤯 El Sacrificio de un Proyecto por el Apagafuegos de un Calendario Vacío

Exponer a un entrenador joven, con la enorme presión de estar consolidando una carrera en los banquillos, a la presión mediática y las expectativas de la selección mayor por compromisos deportivos vacíos de trascendencia, es un riesgo innecesario y un desgaste inmerecido para el profesional. La selección nacional no debe ser vista como un campo de experimentación temporal, ni mucho menos como una herramienta administrativa para cumplir con el calendario a costa de la integridad y la seriedad de la competición local. Se está sacrificando la estabilidad emocional y deportiva de un proyecto de club que sí está luchando por un título oficial y palpable, a cambio de un "parche" de la selección que solo existe para cubrir una evidente, flagrante y recurrente falta de planificación superior de la FVF.

La Federación parece incapaz de interiorizar que la continuidad, la coherencia y, sobre todo, el respeto por la competición interna (la Liga FUTVE), son las únicas vías que garantizan un crecimiento estructural y una verdadera evolución del fútbol venezolano. Seguir confiando en este tipo de "parches" de emergencia solo garantiza el estancamiento constante y la perpetuación de la frustración en la afición.