La nostalgia es un arma de doble filo en el fútbol, y en Venezuela, parece ser nuestra peor enemiga. Recientemente, al emitir mi opinión en redes sobre si Adalberto Peñaranda debería ser considerado por Oswaldo Vizcarrondo, se desató un debate que me hizo confirmar algo que vengo procesando hace tiempo: seguimos aferrados a un recuerdo de Corea 2017 que hoy, casi una década después, pesa más de lo que aporta. Aquella gesta de los dirigidos por Rafael Dudamel fue histórica, un oasis de alegría en un momento complejo para el país, pero el fútbol de selecciones no se nutre de medallas de plata oxidadas ni de lo que "pudo ser". La realidad es que esa camada de jugadores, que estaba llamada a ser la columna vertebral de nuestra primera clasificación mundialista, ha entrado en un bucle de irregularidad, lesiones y falta de jerarquía que nos obliga a hacernos preguntas incómodas sobre su vigencia en el actual proceso de la Vinotinto.
No Vizcarrondo no debe contar con nadie de la generación 2017 y de las anteriores.
— DANITOR 🇻🇪 (@ddtm2003) February 16, 2026
Eso lo pensamos todos los que queremos que esto avance. No se puede esperar nada de los que nunca demostraron nada ni en sus mejores tiempos. https://t.co/pShq6XCLzt
🚪 ¿Puertas abiertas o privilegios heredados? 🤨
Uno de los argumentos más repetidos por quienes defienden a ultranza a estos futbolistas es que "la selección no le cierra las puertas a nadie". Es una frase romántica, democrática, pero profundamente errónea cuando hablamos de alto rendimiento. Estoy de acuerdo en que el radar debe ser amplio, pero como bien reza una máxima en el Centro Nacional de Alto Rendimiento (CNAR) en Margarita: "Para entrar aquí, hay que merecerlo". El escudo no es una herencia ni un club de amigos; se gana cada fin de semana en clubes competitivos y se sostiene con una disciplina férrea que, lamentablemente, muchos de los subcampeones del mundo han canjeado por intermitencia o escándalos extradeportivos. No se trata de cerrar la puerta por capricho, sino de entender que el mérito deportivo actual de figuras como Peñaranda, Sosa o el mismo Lucena, no alcanza para desplazar a quienes hoy sí están rindiendo en ligas de peso o mostrando una evolución constante.
🔞 El mito de la experiencia vs. la realidad sub-23 📉
La otra gran defensa es el famoso "no se gana con puros sub-23". Es una verdad a medias que se utiliza como escudo para proteger a jugadores que ya no son promesas. Es cierto, la jerarquía es necesaria, pero la generación de 2017 ya no es "joven" en términos futbolísticos modernos; la mayoría ronda los 28 años, una edad que en Europa o Brasil se considera el pico de madurez de un atleta. Si a los 28 años sigues viviendo de lo que hiciste a los 19, entonces no eres un pilar de experiencia, eres un estancamiento generacional. Lo irónico es que se pide paciencia para ellos mientras se critica la irrupción de nuevos talentos que, con menos "cartel", están demostrando más hambre y mejor despliegue físico. Si con 28 años no han logrado ser referentes absolutos ni en sus clubes ni en la selección absoluta, ¿qué nos hace pensar que lo serán a los 31? La veteranía se respeta cuando viene acompañada de vigencia, no de recuerdos.
🤕 El caso Yangel y las "excepciones" que confirman la regla 🏥
💔 Una generación que se diluye entre los dedos ⏳
Es doloroso admitirlo, pero el beneficio de la duda se agotó. Jugadores como Peñaranda, Soteldo, Mejías, Hernández, Córdoba y otros tantos, han tenido oportunidades de sobra. La diferencia entre ellos y la "vieja guardia" como Salomón Rondón, Rincón, Roberto Rosales o Alexander González, radica en la mentalidad y la longevidad. Mientras los veteranos estiraron sus carreras en la élite a base de profesionalismo, mucho me temo que gran parte de la generación 2017 terminará colgando las botas a los 33 años sin haber cumplido ni la mitad de las expectativas creadas. Lo que construyeron con los pies en Corea, lo han ido desmoronando con decisiones cuestionables y falta de enfoque. Para que el fútbol venezolano progrese, debemos dejar morir simbólicamente a esta generación que, al final del día, nos decepcionó. No ganaron nada en la absoluta y el crédito se les acabó.
🚀 El cambio de paradigma: Mirar hacia adelante 👟
Hoy Venezuela cuenta con una camada de jugadores menores de 27 años que vienen con otra mentalidad, con un recorrido distinto y, sobre todo, con un hambre que parece haberse saciado prematuramente en los subcampeones de 2017. El fútbol no espera por nadie y los procesos de selección deben ser dinámicos. Para cambiar el paradigma de "casi clasificamos", necesitamos jugadores que vivan del presente y que entiendan que la camiseta nacional no es un retiro de lujo ni un espacio para reencontrarse con el pasado. Es momento de apostar por los que están, por los que vienen y por aquellos que entienden que el éxito juvenil es solo una invitación, no un contrato de permanencia de por vida. Solo dejando ir el pasado podremos, finalmente, abrazar el futuro que tanto nos ha costado alcanzar.