Cada vez que la Vinotinto se queda sin técnico, siento que vivo un déjà vu insoportable. Basta que la selección pierda un partido o que el banquillo quede libre para que empiece el mismo desfile de siempre: “que vuelva Richard Páez”, “traigan otra vez a César Farías”, “por qué no Rafael Dudamel”.
Y yo me pregunto: ¿de verdad no aprendimos nada? ¿Seguimos atados a un pasado que ya no existe? Quizás muchos no lo vean así, pero yo estoy cansado. Cansado de escuchar los mismos nombres, las mismas excusas, las mismas recetas viejas que en 2025 no tienen sentido.
Lo digo con claridad: respeto a cada uno por lo que hizo en su momento, pero el fútbol venezolano de hoy no es el de hace quince o veinte años, y nuestra realidad como país futbolero tampoco. La nostalgia es bonita para contar anécdotas, no para dirigir selecciones.
🟣 Richard Páez: un pionero que marcó historia, pero que no es la respuesta actual
A Richard Páez hay que reconocerle algo: cambió la mentalidad de la Vinotinto. Con él, dejamos de salir resignados a perder. Nos enseñó a competir, a creer. Eso nadie lo borra. Pero de ahí a pensar que en 2025 es el salvador… eso ya es otra historia.
Su etapa también dejó heridas que muchos prefieren ignorar. El nepotismo de convocar a su hijo Ricardo David una y otra vez, aun cuando había jóvenes que pedían pista, fue un ejemplo claro de que no siempre se tomaban decisiones solo por méritos. Y aunque no lo juzgo como persona, esa señal fue negativa para un equipo que necesitaba meritocracia.
Además, el tiempo no perdona. Páez lleva más de una década fuera del máximo nivel. Hoy el fútbol no solo pide buenas ideas: exige análisis de datos, pressing moderno, microciclos de preparación física, lectura táctica en segundos. Ya no basta con tener “filosofía de juego”. ¿De verdad creemos que alguien que lleva tanto tiempo desconectado puede entrar a esta dinámica como si nada? A mí me parece un riesgo enorme, y no entiendo cómo algunos lo piden como si todavía viviéramos en 2007.
🔴 César Farías: el eterno nombre que muchos idolatran, pero que jugaba como el “Bocha” que critican
Lo de César Farías es un caso especial. Escucho a muchos fanáticos destrozar a Fernando “Bocha” Batista por su estilo de juego directo, lleno de balones largos y ataques por fuerza… pero en la misma frase te dicen que Farías es el indicado para volver. ¡Por favor!
¿En qué quedamos? Si critican al Bocha por eso, no pueden ignorar que el estilo de Farías era prácticamente el mismo. Su famosa idea del “pelotazo efectivo” consistía en saltarse el mediocampo, llenar el área de delanteros y apostar a ganar las segundas jugadas. Un fútbol de choque, de balón frontal, que quizás en su momento nos dio algún resultado suelto, pero que a la larga nos hizo previsibles y fáciles de neutralizar.
Encima, Farías construyó un equipo dependiente de Juan Arango. Todo pasaba por él. Cuando Arango estaba brillante, competíamos; cuando lo bloqueaban, quedábamos a la deriva. Y, en lugar de rodear a Arango con jugadores creativos como Alejandro “Lobo” Guerra, Jesús “La Pulga” Gómez o el “Chiqui” Meza, prefirió insistir con tres delanteros centro, sacrificando talento por fuerza.
Tampoco se puede dejar a un lado su carácter explosivo. Farías es de esos técnicos que, después de una derrota, no duda en lanzar críticas a los jugadores en rueda de prensa para proteger su imagen. A mí ese estilo no me convence: genera división, ruido y termina desgastando al grupo.
Por eso no entiendo la contradicción de la gente: si Batista fue despedido por jugar al pelotazo, ¿por qué piden a alguien que hacía exactamente lo mismo, solo que hace más de diez años? La nostalgia los ciega.
🟢 Rafael Dudamel: de promesa de la casa a símbolo de conflictos
Dudamel era la gran esperanza de la casa. Venía de las juveniles, conocía a los talentos que él mismo había formado y prometía continuidad. Pero su gestión fue una montaña rusa de problemas.
Primero, la renuncia de Josef Martínez, una de nuestras mayores figuras ofensivas, en pleno proceso. Que un jugador de ese calibre prefiera apartarse por choques con el técnico lo dice todo.
Después vino la famosa convocatoria de Adalberto Peñaranda para la Copa América 2019, cuando el jugador estaba lesionado y sin ritmo en el Watford. Dudamel insistió en llevarlo, solo para que al final fuera reemplazado por Yeferson Soteldo, que ya brillaba en Brasil. Una decisión que pareció más capricho que estrategia.
Y cómo olvidar su frase de las “derrotas dignas” tras ser eliminados por Argentina en esa misma Copa América. Esa declaración sonó a conformismo puro, como si competir y perder fuera suficiente. En una selección que todavía sueña con su primer Mundial, ese discurso es inaceptable.
Como si todo eso fuera poco, terminó abandonando el cargo apenas tres meses antes del inicio de las Eliminatorias 2022, dejando el proyecto a la deriva y un vestuario fracturado. Un técnico que se retira en un momento así demuestra que el proceso estaba roto desde adentro, sin capacidad de sostener el liderazgo que prometía.
💡Mi conclusión (y mi cansancio)
Yo sé que mucha gente no piensa como yo. Algunos siguen soñando con la vuelta de Páez, Farías o Dudamel, como si revivir viejas glorias fuera la solución. Pero yo, sinceramente, estoy agotado de escuchar los mismos nombres cada vez que hay un vacío en el banquillo.
No es cuestión de respeto, es cuestión de lógica: si critican a Batista por jugar directo, ¿por qué aplaudirían a Farías que hacía lo mismo? Si el fútbol de hoy pide velocidad táctica, ¿por qué llamar a Páez después de más de diez años fuera? Si exigimos liderazgo, ¿por qué buscar a Dudamel que abandonó el barco en pleno proceso?
La Vinotinto necesita ideas nuevas, no parches del pasado. Necesita un entrenador que entienda el 2025, no el 2007. Uno que aproveche el talento actual, que convoque por mérito, que hable de victorias reales y no de “derrotas dignas”.
Yo no quiero volver a ver a Venezuela atrapada en un ciclo de nostalgia. Quiero ver un equipo que mire hacia adelante, que deje de reciclar apellidos y que, de una vez por todas, apueste por un futuro sin miedo