En debates recientes —Entre el humo y la seriedad, Mi hartazgo con los nombres de siempre— se ha vuelto a poner sobre la mesa la discusión más importante para el futuro de la selección venezolana: qué tipo de fútbol se quiere jugar. No se trata solo de quién ocupe el banquillo, sino de una decisión estructural que marcará a toda una generación de futbolistas. La historia moderna de la Vinotinto ofrece dos referencias claras: el estilo ofensivo, de posesión y presión alta que impulsó Richard Páez, y el orden defensivo y contragolpe que consolidó César Farías.



🟢 Richard Páez: la revolución de la pelota y la mentalidad ofensiva

Cuando Richard Páez asumió el mando a comienzos de este siglo, Venezuela era un equipo acostumbrado a replegarse y resignar la iniciativa. Su mayor aporte no se limita a los resultados —que incluyeron victorias memorables ante Uruguay, Chile y Colombia—, sino a un cambio profundo en la mentalidad colectiva. Páez convenció a los jugadores de que era posible competir desde la posesión, construir desde el mediocampo, presionar alto y combinar en corto para romper líneas.

Su idea no era un simple capricho estético: respondía al biotipo del futbolista venezolano, generalmente técnico, de buena lectura y más orientado a la circulación que al choque físico. Aquella generación —con referentes como Juan Arango, José Manuel Rey, Leopoldo Jiménez o Ricardo David Páez— probó que  

Venezuela podía mirar a los ojos a los gigantes de Sudamérica.



🔵 César Farías: orden, pelotazo y dependencia de las individualidades

La etapa de César Farías trajo consigo la semifinal histórica de la Copa América 2011, un logro que marcó un antes y un después. Sin embargo, su camino para alcanzarlo fue completamente distinto. Farías apostó por un modelo de bloque bajo, repliegue ordenado, balones largos y segundas jugadas, lo que él mismo llamaba “pelotazo efectivo”.

El problema es que este esquema exigía piezas muy específicas: extremos explosivos, laterales veloces y delanteros de gran potencia, perfiles que en Venezuela nunca han abundado. Como se recuerda en análisis recientes, su Vinotinto era un equipo extremadamente dependiente de Juan Arango: cuando el capitán estaba inspirado, el plan funcionaba; cuando era neutralizado, el equipo quedaba a la deriva. Aunque la semifinal de 2011 queda como un hito, el estilo de Farías terminó siendo previsible y fácil de neutralizar cuando los rivales aprendieron a bloquear los envíos largos y a cortar las segundas jugadas.

📊 La Vinotinto de 2025: talento, biotipo y proyección

El presente de Venezuela exige una lectura fría. El biotipo promedio del jugador criollo —1,70 a 1,80 metros, buena técnica, capacidad para asociarse, pero sin abundancia de extremos velocistas— no encaja con un modelo de contragolpe permanente. Hoy la mayor fortaleza está en mediocampistas con buen pie, interiores que saben girar, laterales que entienden la salida en corto y delanteros capaces de participar en la elaboración.



Por esa razón, el estilo que más conviene es el de Richard Páez: posesión organizada, presión tras pérdida y construcción paciente desde el mediocampo. Intentar un híbrido sería una apuesta de riesgo, porque el biotipo actual no permite sostener un bloque bajo y a la vez competir en transiciones largas con la eficacia que exige la élite sudamericana.

🌍 Candidatos y afinidad de estilos

A partir de esta premisa, la elección del entrenador no puede basarse solo en el nombre o en su trayectoria mediática. Es imprescindible analizar su filosofía de juego y su capacidad de adaptarse al biotipo venezolano. El siguiente cuadro resume los principales candidatos y su cercanía a los dos modelos históricos como también su experiencia internacional:



Este cuadro deja claro que no todos los nombres mediáticos son compatibles con el legado de Páez.

  • Tite es el que más se ajusta al juego de posesión y presión alta, sumando además una enorme experiencia en eliminatorias y torneos de máxima exigencia.

  • Leonardo Jardim, aunque pragmático, ha demostrado que con material ofensivo puede construir equipos de ataque rápido y circulación fluida, como aquel Mónaco semifinalista de Champions.

  • Hernán Crespo ofrece una propuesta intensa y vertical, cercana al ADN de presión que Venezuela puede sostener.

  • Luis Zubeldía presenta un estilo intenso, con presión alta y transiciones rápidas, compatible con el juego vertical que Páez promueve, aunque menos estructurado que Tite o Crespo. Su afinidad con Páez puede considerarse media-alta, reflejando que puede adaptarse al modelo, pero con algunas limitaciones tácticas.

  • Juan Carlos Osorio, en cambio, se ubica claramente en el polo de Farías: prioriza el orden defensivo y la preparación por rival, muy lejos de la filosofía ofensiva que demanda el biotipo actual.


⚖️ Conclusión: la FVF debe hacer su trabajo bien hecho

Más que hablar de una “oportunidad histórica”, este es el momento de exigir seriedad y planificación a la Federación Venezolana de Fútbol. La dirigencia no puede limitarse a buscar un nombre atractivo ni a vender promesas de corto plazo. Debe contratar a un entrenador cuya filosofía encaje con el biotipo venezolano, garantizar un entorno de trabajo profesional, fortalecer las divisiones menores y sostener procesos que trasciendan un solo ciclo de Eliminatorias.

Como se explica en Más que una derrota: la eliminación que desnuda a la FVF, la improvisación y los vicios administrativos pueden destruir cualquier avance deportivo.

Por todo lo analizado, el camino es claro: un modelo ofensivo y de posesión, liderado por un técnico de experiencia internacional como Tite o, en su defecto, Leonardo Jardim, es el que mejor se adapta a la realidad del fútbol venezolano. Pero el éxito no dependerá solo del entrenador; dependerá de que la FVF asuma su responsabilidad y haga su trabajo bien hecho. De lo contrario, la historia volverá a repetirse, por mucho talento que tenga esta generación.