En febrero hice una promesa en X (Twitter): no hablaría del Madrid hasta que terminara la temporada. El silencio era necesario para procesar el desastre sin el ruido del día a día, evitando el análisis pasional que nubla el juicio técnico. Hoy, con los datos en la mano y la temporada sentenciada, toca analizar cómo el club ha encadenado dos temporadas consecutivas en blanco, algo que no ocurría desde hace 15 años. Este vacío de títulos no es una racha de mala suerte, sino el síntoma de una degradación estructural que ha convertido al equipo en una entidad previsible, frágil y, sobre todo, mal gestionada desde los despachos.
Este fracaso no es un accidente ni empezó en la final de la Supercopa. Es la culminación de un proceso donde la meritocracia se cayó por completo para dar paso a una gestión de nombres sobre hombres. Lo que hemos visto este año es simplemente la factura final de priorizar el marketing y la estética sobre la funcionalidad y la estructura futbolística necesaria para competir en la élite moderna.
📉 La caída de la meritocracia y el fin inevitable de Xabi Alonso
El debalcle no inició en Riad, eso es un error de lectura cronológica. Como ya analicé previamente en mi blog, el equipo venía arrastrando vicios tácticos y una falta de intensidad alarmante que hacían que el proyecto de Xabi Alonso fuera insostenible a largo plazo. La desconexión entre la propuesta del técnico y la realidad de los jugadores en el campo era total; se intentaba aplicar un fútbol de posición y control con piezas que no sentían el sistema o que, directamente, no tenían la disciplina para ejecutarlo. Su salida no fue un evento traumático ni una sorpresa para quien seguía el día a día; fue la consecuencia inevitable de un DT que se quedó sin respuestas ante una plantilla mal confeccionada y carente de variantes. La derrota en la final de la Supercopa de España contra el Barcelona solo fue el catalizador que aceleró un despido que, por rendimiento y falta de evolución, era absolutamente justo y necesario.
🏟️ El desastre de Albacete y la realidad de Álvaro Arbeloa
La llegada de Álvaro Arbeloa al primer equipo fue un movimiento de emergencia, un "parche" desesperado en medio de una temporada que ya se sentía perdida. No se le puede señalar como el gran culpable; él hizo lo que pudo considerando que venía del Castilla y se encontró con un vestuario viciado y una planificación deportiva rota. Sin embargo, la eliminación en la Copa del Rey ante el Albacete quedará como el punto más bajo de esta gestión. Fue una humillación técnica y física: ver a un equipo de inferior categoría superar en cada duelo individual y colectivo a futbolistas de talla mundial demostró que el problema va más allá del banquillo. Fue la prueba de que, sin un sistema sólido y sin una jerarquía real en el campo, el Madrid es vulnerable ante cualquier rival que tenga orden y una idea clara de juego. Arbeloa puso la cara, pero las herramientas que le entregaron estaban oxidadas.
🏆 La Liga de los 9 puntos y el vacío europeo de 2026
En La Liga, la gestión ha sido nefasta por la falta de regularidad y de hambre competitiva. Perder el campeonato a falta de cinco jornadas y estar a 9 puntos del Barcelona es un dato que debería activar todas las alarmas en Valdebebas. El equipo bajó los brazos mucho antes de tiempo, mostrando una incapacidad alarmante para solventar partidos contra bloques bajos, perdiendo puntos en campos donde históricamente se ganaba por simple peso específico. La falta de un plan B cuando las individualidades no brillaban dejó al equipo expuesto y sin capacidad de reacción ante la presión del liderato culé.
A esto se le suma la eliminación en la Champions 2026, donde el Madrid fue un espectador más que un protagonista. Sin un centro del campo con capacidad de recuperación y sin una defensa coherente que supiera cerrar espacios, el equipo fue superado por rivales con propuestas mucho más modernas y físicas. Pasar dos años seguidos sin levantar un trofeo no es un bache estadístico; es la confirmación de que el Real Madrid ha perdido su identidad competitiva y, lo que es peor, ha perdido esa aura de invencibilidad que solía intimidar en Europa.
👔 El responsable principal: Florentino Pérez y la plantilla anticompetitiva
Más allá de los cambios de entrenador, de la transición de Alonso a Arbeloa o del bajo rendimiento individual de ciertas figuras, el foco de la crítica debe estar en la cúpula. El principal culpable de este desastre histórico es el señor Florentino Pérez. El pecado original fue armar una plantilla bajo conceptos puramente comerciales y estéticos, ignorando por completo las necesidades tácticas que el fútbol de 2026 exige. Se fichó para las portadas y para el impacto en redes sociales, pero se descuidó la arquitectura del equipo.
La planificación ha sido negligente en tres puntos clave: primero, la ausencia de equilibrio estructural, acumulando jugadores en posiciones donde ya había sobrepoblación mientras los laterales y la rotación del ataque quedaban desatendidos. Segundo, una priorización del negocio sobre la funcionalidad, creyendo que el talento individual compensaría la falta de un sistema táctico coherente. Y tercero, una gestión de autor obsoleta, pretendiendo que el modelo de "galácticos" funcione en una era donde el éxito se basa en el despliegue físico, la presión tras pérdida y la inteligencia colectiva. Florentino armó un equipo para vender una narrativa, pero se olvidó de que los partidos se ganan en el césped, no en los balances financieros.
📝 Conclusión: El fin de una narrativa vacía
Dos años en blanco son el resultado de la soberbia administrativa y de creer que el escudo, por sí solo, tiene la capacidad de remontar cualquier situación adversa sin necesidad de trabajo táctico. El Real Madrid actual es una suma de piezas costosas sin un hilo conductor que las convierta en un equipo de fútbol. No es solo un problema de quién se sienta en el banquillo o de qué jugador lleva el 10; es un problema de raíz en la toma de decisiones deportivas de una directiva que se ha desconectado de la realidad del campo.
Si el club sigue construyendo proyectos basados en el marketing y no en la meritocracia o en el análisis de necesidades, el próximo ciclo será una repetición de este fracaso. La autocrítica debe empezar desde el despacho presidencial, porque hoy por hoy, la infraestructura del club está diseñada para facturar, pero ha olvidado cómo se compite al más alto nivel. Quince años después, el Madrid vuelve a conocer el vacío absoluto.
Toca reconstruir desde la lógica futbolística, no desde el nombre ni el marketing.