Escribo esto con el estómago revuelto, no por un resultado aislado, sino por la desidia acumulada. Ser de Trujillanos siempre ha sido sinónimo de aguante, de lucha y de barro, pero lo que estamos viendo en las últimas semanas cruza la línea de lo deportivo para entrar en el terreno de la falta de respeto. Desde que Chaurant dejó el banquillo tras aquel tropiezo en Maturín, pensamos que tocaríamos fondo para rebotar, pero lo único que hemos hecho es seguir cavando. No es solo perder; es la forma, la actitud y la alarmante facilidad con la que nuestros rivales se llevan los puntos mientras nosotros parecemos invitados de piedra en nuestra propia tragedia. Estamos en el último lugar y, honestamente, duele ver cómo se desmorona lo poco que quedaba en pie.


📉 Tres golpes directos al mentón: La cronología del desastre


La debacle comenzó el 14 de marzo contra Anzoátegui FC. Con el "Tute" Valiente en la raya ante la ausencia del profe Pedro Vera, el equipo fue un ente sin alma. Perder 0-1 en casa dolió, pero lo peor fue la sensación de vacío. Luego viajamos a la capital el 17 de marzo para enfrentar a un Caracas FC que no le ganaba a nadie en toda la temporada. Empezamos ganando, nos ilusionamos, y terminamos con un 4-2 vergonzoso por no saber gestionar una ventaja mínima. Y para cerrar la "semana de gloria", hoy 22 de marzo recibimos a un Zamora que venía de dos derrotas seguidas y nos pasó por encima con un 0-3 humillante en nuestro propio patio. Volvimos al último lugar, ese pozo negro que pone en riesgo real nuestra permanencia en la categoría.


🏟️ El "Cementerio" del José Alberto Pérez: Donde el respeto se perdió

Lo que más indigna es ver cómo el Polideportivo Luis Loreto Lira ha dejado de ser esa caldera infernal que quemaba a los visitantes. Antes, venir a Valera era una pesadilla para cualquiera; hoy, el "Poli" da risa. Los equipos llegan, se plantan bien, aprovechan nuestras carencias y se van con los tres puntos y el uniforme limpio. La casa no se respeta, y eso es responsabilidad directa de quienes saltan al campo. No hay presión, no hay asfixia, no hay ese "miedo" escénico que históricamente nos caracterizó. Ver a equipos que venían en racha negativa pasearse en nuestro patio es la prueba definitiva de que la mística se extinguió por pura negligencia.


💸 Mercenarios en la cancha y fichajes de cartón


Hablemos claro: hay jugadores que caminan la cancha. No se puede definir de otra manera a tipos que cobran un sueldo y no son capaces de dar un sprint para recuperar un balón perdido. Estamos llenos de "mercenarios" que parecen estar aquí de vacaciones, cumpliendo un horario sin sentir ni un gramo de pertenencia. A esto le sumamos una gestión de fichajes que roza lo absurdo. El mercado cerró y nos quedamos con piezas que llegaron sin ritmo, jugadores que necesitan tres meses para ponerse a tono cuando el torneo ya nos está asfixiando. No tiene sentido traer nombres por traer si no tienen la capacidad física ni mental de aguantar la presión de esta camiseta. La planificación fue un chiste de mal gusto y hoy estamos pagando la entrada para ver ese circo.


🧩 Un esquema invisible: Sin pies ni cabeza


No hay un sistema que le venga bien a este equipo, por más que intentemos buscarle la vuelta. Si jugamos con línea de cuatro, nos sobran por las bandas; si intentamos poblar el medio, perdemos la posesión en dos pases. No hay una identidad clara de juego ni una propuesta que nos saque del foso. Es un desorden táctico donde cada quien hace la guerra por su cuenta. Los cambios suelen llegar tarde o no tienen impacto real en el trámite del partido. Ver al Trujillanos hoy es ver a once desconocidos que se encontraron en el camerino y decidieron patear una pelota sin un plan de vuelo. El análisis táctico se vuelve imposible cuando la base, que es el orden y la entrega, brilla por su ausencia.


😫 El agotamiento del sobreanálisis: ¿Para qué estudiar el error si se repite?

Sinceramente, sobreanalizar esto me tiene agotado. Uno se sienta, revisa los videos, anota los fallos en las coberturas, ve dónde se puede arreglar el funcionamiento para sumar puntos, pero ¿de qué sirve? ¿De qué sirve ver qué se hace mal si el domingo siguiente volvemos a cometer los mismos errores infantiles? No se puede diagnosticar a un paciente que no quiere curarse. Es desgastante dedicarle horas de pensamiento a un equipo que no te devuelve ni un gesto de rebeldía en el campo. Ya no se trata de entender el fútbol, se trata de ver cómo se nos escapa la categoría por entre los dedos mientras los responsables directos se encogen de hombros. La paciencia se terminó porque el análisis ya no tiene sustento en la realidad de la cancha.


🚪 Limpieza total: Que jueguen los que quieran salvar al equipo

Llegó el momento de las decisiones drásticas. Que se vayan todos esos que vienen a cobrar y a caminar. Aquí no queremos "morir con las botas puestas", aquí queremos ganar para quedarnos en Primera, y para eso necesitamos gente que corra. Prefiero mil veces ver a los canteranos, a esos muchachos que se formaron bajo el sol de Valera, poniendo los huevos que estos mercenarios no ponen. Quizás tengan menos nombre, pero al menos jugarán con la urgencia de quien sabe que el prestigio del club está en juego. La camiseta de Trujillanos no es un uniforme de entrenamiento; es una responsabilidad que hoy está siendo pisoteada por gente que no merece estar en el vestuario.


📢 El tiempo de las palabras se agotó: Resultados o el abismo

Ya se habló, ya se exigió, e incluso ya se cambió el cuerpo técnico buscando una reacción que simplemente no llega. A estas alturas, los comunicados y las promesas de mejoría nos dan igual. Lo único que cuenta son los puntos en la tabla y salir del fondo. Si quienes están hoy al frente del equipo —tanto en la oficina como en el césped— no son capaces de revertir esta situación de inmediato, el destino será uno solo y será oscuro. Trujillanos es demasiado grande para hundirse por la desidia de unos pocos. No hay más margen de error; o reaccionan ahora o prepárense para cargar con la mancha de este desastre para siempre.