⚪️ Cuando el conformismo se disfraza de grandeza…
Hay una frase que retumba desde hace años en el imaginario madridista: “En el Real Madrid no se compite, se gana”. Sin embargo, mientras nos acercamos al inicio oficial de la temporada 2025/26, lo que la directiva blanca ha querido vender esta mañana es justamente lo contrario de ese espíritu. Desde Valdebebas han filtrado, con esa arrogancia tan típica del poder que lleva mucho tiempo sin oposición, que “la plantilla está cerrada” y que no habrá más fichajes, después de haber intentado “alguna operación de relumbrón como la de Vitinha”. Un mensaje que, más que ilusión, provoca indignación en un sector del madridismo que lleva semanas advirtiendo –con preocupación y fundamento– que faltan piezas claves para competir de verdad en los cuatro frentes.
Esta sensación no surge del capricho ni del histerismo veraniego. Surge del análisis serio que llevamos haciendo desde hace meses en artículos como “Con lazo de regalo y etiqueta de se vende”, “Urgencias blancas”, “¿Está el sucesor de Modric ya en el club?” y “Fichar a Stiller determinará la temporada”. Porque el madridismo más crítico sabe que detrás del anuncio oficialista de esta mañana no hay otra cosa que una operación cosmética de imagen, típica de la era Florentino, donde todo se vende como éxito incluso antes de empezar a competir.
🧠 Florentino Pérez y su manual de “mercados tranquilos”
Hablar de que el mercado está “cerrado” a 15 días del debut oficial de Xabi Alonso suena a desafío directo a la inteligencia del aficionado que no se conforma con fotos de presentación. Oficializar que “no viene nadie más” es tanto como decir: “Con esto alcanza y sobra”. ¿En serio?Porque hay nostalgia de grandeza, pero sobre todo preocupación documentada: no hay recambio real para Carvajal, cuya exigencia física no hace sino aumentar al borde de los 34 años. No hay sustituto en la base del mediocampo tras el adiós de Kroos, más allá de un Camavinga al que el club sigue usando como comodín y que aún no termina de asentarse en una sola función. No hay control garantizado en la gestión de ritmo, pese a que los alardes estéticos de Bellingham o Güler enamoran. Y por si fuera poco, el banquillo ofensivo se sostiene en ilusiones adolescentes: Endrick (19), Gonzalo (21) o Mastantuono (18) como si la Champions se ganara sólo con talento precoz y entusiasmo.
El presidente se escuda en que “se intentó fichar algo grande” como Vitinha (lo cual, sinceramente, suena más a argumento desesperado que a plan sustentable), para justificar una falta de agresividad que contrasta brutalmente con lo que están haciendo rivales como City, Bayern o PSG en el mercado. Lo que parece no querer asumir Florentino Pérez es que el fútbol ha cambiado, y el “músculo del escudo” ya no sostiene temporadas de 60+ partidos si no tienes profundidad, variantes y recursos reales.
🔥 Xabi Alonso recibe una oportunidad… y un marrón camuflado
Pocas llegadas generan tanta ilusión como la del técnico vasco, estratega brillante, símbolo del madridismo europeo y campeón de todo como jugador. Pero, ¿qué clase de bienvenida es esta? ¿de verdad le dan un equipo supuestamente “perfecto” —como quiere vender la directiva— cuando él mismo había señalado la necesidad de un centrocampista conductor, un lateral polivalente y posiblemente un central más para oxigenar el grupo?
El mensaje es claro: “Esto es lo que hay. Si ganas, genio. Si pierdes, buscaste lo que te mereces”. Ese es el viejo truco florentinista: anunciar tranquilidad, delegar responsabilidad táctica, y luego lavarse las manos si se cae en cuartos de Champions o se pierde una Liga por falta de fondo. Que nadie se equivoque: Florentino está exhibiendo el poder máximo del presidente que no admite réplica, blindado detrás de su nuevo estadio, sus contratos de marketing multimillonarios y su aura de intocable. El problema es que el fútbol —cruel, inesperado, salvaje— castiga precisamente al que confunde lujo con eficacia, nombre con presente, marketing con competitividad real.
📉 Un déjà vu que puede terminar mal… y lo sabemos todos
La plantilla “cerrada” presenta en papel una mezcla magnética de juventud, talento top y pegada brutal. Nadie niega que Vinicius-Mbappé-Bellingham es probablemente el tridente más bestial del planeta. Pero ¿qué pasa cuando aparezcan lesiones, sanciones, bajones de forma o se encadenen ocho partidos decisivos en tres semanas? Ahí empieza el territorio donde no valen excusas, donde lo de esta mañana puede ser recordado como el error estructural que arruinó una temporada entera.
Porque este club ya ha vivido situaciones parecidas: campañas donde se juraba que “no hacía falta fichar” y se terminó tirando la Copa en octubre, la Liga en marzo y quedando eliminado en Champions por falta de reemplazos. No es un invento, lo vivimos con Mourinho, con Ancelotti, con Zidane… y la historia amenaza con repetirse, esta vez con Xabi Alonso como protagonista accidental de una tragedia anunciada.
❌Señores de la planta noble, dejen de vender éxito antes de ganarlo
Esto no es un ataque a Florentino. Es una señal de alarma necesaria. El madridismo más exigente no puede aceptar este discurso conformista del “lo intentamos, pero ya tenemos suficiente”. Porque mientras el club se entretiene despidiendo glorias (Kroos), coqueteando con imposibles (Davies, Wirtz) o haciendo propaganda (Vitinha), la realidad le grita que falta profundidad, que no hay recambio de líderes naturales, y que la temporada 25/26 será la más brutal física y mentalmente de toda la historia reciente.
Hablar ahora de mercado cerrado no es valentía, es imprudencia.
Y en este club, imprudencia significa poner al escudo en riesgo.
Si el Madrid verdaderamente no ficha más, si Florentino persevera en su idea, que luego no busque culpables en lesiones, VAR o mala suerte. Que se mire al espejo. Porque un club que presume de ser el más grande del mundo tiene la obligación histórica de exigir más, incluso cuando ya parece tenerlo todo.




