🧩 Sin táctica no hay paraíso: la identidad extraviada
Más allá de los resultados —que a veces maquillan lo evidente— la Vinotinto de Fernando “Bocha” Batista ha mostrado una preocupante falta de estructura táctica. A diferencia de selecciones con menos talento pero más orden, Venezuela sigue apelando al individualismo o a ráfagas emocionales para sobrevivir en los partidos. No se nota una idea clara, ni una evolución desde el inicio del proceso. Y cuando una selección no sabe a qué juega, cualquier rival con oficio te hace pagar el precio.
El equipo parece girar en torno a impulsos, no a planes. La presión tras pérdida, las transiciones ofensivas, el uso de los laterales, la posesión en campo rival... todos conceptos que brillan por su ausencia o aparecen sin coherencia. La pregunta no es solo si se gana o se pierde, sino cómo se compite. Y ahí es donde el ciclo del Bocha se queda corto, incluso si llegamos al repechaje.
📋 Convocatorias que no convencen
Otra señal de desgaste son las convocatorias. Batista ha insistido en jugadores que no atraviesan buen momento o que nunca lograron consolidarse con la selección. Futbolistas con intermitencia crónica, apuestas sin respaldo en rendimiento y una extraña resistencia a probar opciones jóvenes o de presente más prometedor.
La meritocracia se ha visto comprometida. Y eso, en un vestuario, se nota. Se filtra. Se sufre. Convocar por “nombre” o por pasado y no por presente es una receta para el estancamiento. Y aunque algunos futbolistas responden con actitud, no basta. La camiseta no puede depender del sacrificio: necesita talento, regularidad y funcionamiento colectivo.
Hay algo peor que los errores tácticos o las convocatorias dudosas: cuando el mensaje deja de llegar al vestuario. Y eso también parece estar pasando. Las declaraciones de los jugadores, los gestos en cancha, la falta de rebeldía en momentos críticos, todo sugiere un vínculo que se ha ido diluyendo.
No es que el grupo haya “soltado” al entrenador, pero sí que el eco de sus palabras ya no moviliza como antes. Cuando un ciclo se desgasta, lo emocional deja de compensar lo futbolístico. Y cuando eso pasa, el rumbo debe reconsiderarse con honestidad, no con romanticismo.
🚫 Segunda partes nunca fueron buenas (y menos con problemas no resueltos)
Hay una tentación latente en el fútbol venezolano: acudir a los “nombres conocidos” cuando se entra en crisis. Páez, Farías, Dudamel… apellidos que generan recuerdos diversos, pero que ya cumplieron un ciclo. Volver a ellos no solo sería un error futbolístico, sino también simbólico. La selección necesita avanzar, no reciclar.
Es importante dejar un mensaje claro: no se trata de descalificar a quienes marcaron etapas en la Vinotinto, sino de aceptar que su tiempo pasó. Y que los problemas que tuvieron en su momento —peleas internas, manejos mediáticos cuestionables, rupturas con jugadores— no desaparecen con el paso del tiempo. No podemos romantizar lo que en su momento también generó rupturas.
Quienes aún defienden un regreso de alguno de ellos, lo hacen desde la nostalgia, no desde un proyecto serio de futuro. Y la Vinotinto no necesita eso ahora.
🔍 Si hay repechaje, que haya visión: nombres para empezar de nuevo
Si clasificamos al repechaje —y es un si cargado de esperanza, no de certeza— la Federación debe plantearse qué tipo de cuerpo técnico se necesita para dar un salto real. Ya no es momento de experimentos, ni de apuestas de bajo perfil. Si se va el Bocha, hay que buscar jerarquía real. Trayectoria, trabajo serio, liderazgo moderno.
En ese sentido, nombres como Ricardo Gareca, Leonardo Jardim o Hernán Crespo deberían estar sobre la mesa. No solo por lo que lograron, sino por cómo lo lograron: estructuras de juego, lectura táctica, manejo de grupo y resultados. Gareca, además, se encuentra libre al momento de escribir este artículo. Y sería, sin duda, la opción más inmediata y coherente si se busca empezar con orden.
No se trata de traer “un nombre”. Se trata de traer una idea. Un proyecto. Una personalidad capaz de sacudir a la Vinotinto sin caer en el vedetismo, sin titulares vacíos, sin slogans. Solo trabajo, fútbol y verdad.
⚖️ Con o sin repechaje, la evaluación es obligatoria
Pase lo que pase, la Federación tiene que hacer una revisión honesta y valiente. No puede esperar al resultado final para decidir si el proceso sirve o no. El repechaje no puede ser una excusa para postergar decisiones. Porque lo más preocupante no es quedar fuera del Mundial, es no tener un rumbo claro mientras lo intentamos.
Batista tuvo momentos valiosos, eso es innegable. Le dio estabilidad a un ciclo post-Pékerman marcado por la incertidumbre. Pero una vez pasado el shock inicial, el tiempo y el fútbol exigen más. Y hoy, ese “más” no ha llegado.





